Domingo, 19 de Mayo de 2019 - de ,

  

Con la Tora en una mano y el periodico en la otra

La caridad en los tiempos de la soledad. Parasha Emor (Levítico 23:1-24 – 24:33)
“... cuando recojas los granos de la cosecha, dejarás los que caigan al suelo para el pobre y para el forastero” (Lev 23:22)
 
Este notable versículo muestra que, ya en los tiempos bíblicos, la forma de practicar la caridad era un tema de reflexión en los circulos religiosos y legales, que en esa época eran más o menos lo mismo. Se ha escrito mucho, miles de páginas, en todas las épocas y todas las religiones, sobre las variadas formas de la caridad y de sus ventajas y desventajas comparativas. Se pueden encontrar todas con una búsqueda rápida usando google, yahoo o bing. 
 
Pero, en nuestro tiempo, y sobre todo en el mundo de la religión, no se ha estudiado suficientemente el crucial asunto de qué significa ser pobre hoy en día, o en otras palabras, cuáles son las formas de la pobreza moderna, o las más graves.
 
Porque la imagen bíblica del agricultor segando el trigo a mano, y dejando los granos que quedan en el suelo para los campesinos pobres que estaban mirando hambrientos a la distancia, simplemente ya no existe ni siquiera en las partes más miserables del mundo. En los tiempos bíblicos el problema era la producción de los alimentos, hoy en cambio el problema es su distribución hacia todas partes. Tenemos suficiente alimento para todos, pero las guerras y los conflictos impiden que incluso el alimento que distribuyen los organismos de ayuda internacional lleguen a las bocas de la gente con hambre.
 
Pero, por otra parte, en todas las sociedades, ricas y pobres, lo que sí existe en abundancia son carencias profundas en otro de los recursos esenciales para el ser humano, esenciales para su vida plenamente humana. Porque incluso en las sociedades más desarrolladas en lo material, la pobreza es abrumadora. Pero, ¿qué pobreza? la del recurso más escaso de hoy: el tiempo para compartir con los demás, para vivir en una comunidad.
 
Estamos viviendo una crisis de la pobreza más degradante de la histora, aquella de la soledad de millones de seres humanos en todas las latitudes, que viven esencialmente solos, física y espiritualmente.
 
El desafío permanente de leer la Torá desde y para nuestro tiempo, es una de las grandes enseñanzas de nuestros sabios, incluyendo por cierto al legendario Rabino Marshall Meyer. Hoy, con las masivas migraciones hacia y desde todas las latitudes, no podemos ignorar la epidemia de soledad de los millones de migrantes que se encuentran por razones ajenas a su mejor voluntad, en tierras extrañas para ellos, incluyendo nuestro país. Esto no puede dejar de interpelarnos en lo más profundo de nuestra religiosidad. Una palabra amable, un saludo, mejor una conversación aunque sea breve, nos llevarán a leer a Levítico 23:22 como si nosotros mismos estuviéramos escribiendo la Torá:
 
“...cuando recojas los frutos de tu vida en la comunidad, dejarás algunas palabras para invitar al pobre y al inmigrante que se alimentan en soledad...”
 
Najshon ben Abraham

La Shikse


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