Martes, 23 de Julio de 2019 - de ,

  

Con la Tora en una mano y el periodico en la otra

Parasha Balak (Num 22:1 – 25:9)   El profeta gentil de la Torá

La dispar suerte del profeta no judío Bilam (o Balaam en algunas traducciones) tanto en la Biblia como en la interpretación religiosa judía, primero bendecido y después condenado, llama profundamente la atención, y esta dualidad se debe en gran medida a que posteriormente a su magnífico rol en esta parasha, negándose a maldecir al pueblo judío a cambio de honores y bienes materiales, aparece en su rol propio de sacerdote de otra religión, alejando a judíos del judaísmo. En la época bíblica la apostasía era una falta imperdonable y el proselitismo de otras religiones entre el pueblo judío recibía la condena más grande.

Pero, en esta parasha el rol de Bilam es bueno y justo, y hace lo que Dios espera de él. De hecho, la Parashá Balak podría denominarse Bilam, como se la conoce en algunos textos del Talmud de Babilonia.  No cabe duda que Bilam fue un importante profeta no judío, que dijo algunas de las cosas más bellas que se han dicho de los judíos en todos los tiempos, por ejemplo sus palabras que decimos cuando recibimos al Shabat: Ma tovu ohaleija Iaakov mishkenoteija Israel… (Num 24:5)

Como buen profeta, Bilam no podía mentir, y esto fue erróneamente interpretado por la mente pagana del rey Balak que confundió la causa con el efecto.  Las palabras de este rey ponen en evidencia su profunda incomprensión de la naturaleza del profeta: “… porque sé que aquel a quien tú bendices, bendito es y aquel a quien maldices, maldito es” (Num 22:6). 
Porque los profetas nunca fueron hechiceros ni dispensadores de maldiciones y bendiciones según la voluntad de los poderosos. 

Bilam bendecía a quienes él sabía benditos, era un reconocimiento a la virtud ya presente, y su maldición era también, simplemente, un grito profético denunciando a los excesos del poder y del mal.  Muchos profetas bíblicos, y de nuestros tiempos, pagaron con sus vidas por decir la verdad a los poderosos.  Los reyes de Israel tuvieron que soportar las palabras de profetas que los condenaban por alejarse de Dios.  No ocurrió que ellos se alejaron de Dios debido a que los increpaban los profetas; más bien, los profetas los increparon porque se habían alejado de Su senda, como tan a menudo nos lo recuerda el relato bíblico.

Los profetas de ayer, así como los de hoy, tenían una pasión y urgencia incontenibles por decir la verdad.  Aún ante un rey tan poderoso que le ofreció todo lo que pudiera desear (Num 22:17), Bilam sólo pudo decir la verdad que tenía ante sus ojos y ante su comprensión: “Qué bueno es tu hogar Israel …” 

La capacidad profética de ver la verdad, y decirla, alcanza su clímax cuando Bilam ve en el futuro, el inevitable triunfo del bien, y vislumbra los tiempos venideros en que “… una estrella surgirá de Israel…”  (Num 24:17).  En la simbología bíblica, la estrella es el símbolo del Mesías, que personificará el triunfo de la justicia y del bien.  En nuestra simbología contemporánea, dicha estrella bíblica son Sus enseñanzas, que regirán al mundo en los tiempos mesiánicos, cuando la justicia, el amor y la fraternidad harán que todo el dolor y sufrimiento del ser humano a lo largo de su historia, hayan sido sólo el preludio del verdadero enseñorearse sobre la tierra, que es el mandato de Dios  para toda la humanidad.

Este Shabat, cantemos una vez más, junto a Bilam, el profeta gentil, nuestro Ma tovu ohaleija Yaakov mishkenoteija Israel…

Najshon ben Abraham

Shavuot

Shavuot - שבועות

Aunque no existe una manera muy precisa...

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